por Marco Villegas.
Llegué por primera vez en un viaje familiar por allá de 1992 en una época en la que llegar era casi un viaje al fin del mundo, y las horas en un Land Rover Santana eran la aventura más esperada del año. Después de cruzar media docena de ríos, nos quedabamos acampando para luego regresar a San José. Con los años seguí viniendo y ese ir y venir me trajo luego de manera inesperada a ser residente y un miembro más de la comunidad.


Hablo de Nosara, Costa Rica, en un destino turístico de moda, que como tal se da el lujo de no seguir la fórmula Distrito+Cantón+Provincia+País. Con decir Nosara es suficiente.
Y como residente de un destino de moda, era inevitable tratar de encontrar respuestas a la dinámica que uno ve todos los días. Este artículo es el resultado de algunas reflexiones personales, lecturas, testimonios y datos que a lo largo de mis días en Nosara he ido recopilando o he tenido acceso, y básicamente intenta responder a algunas preguntas básicas. ¿Que pasa en Nosara? ¿Las dinámicas de Nosara han sucedido en otras partes del mundo? ¿Que lecciones se pueden aprender de otros sitios? ¿Todavía estamos a tiempo de cuidar este lugar mágico?
La Teoría del Ciclo de Vida de los Destinos Turísticos de Richard Butler (1989) dice que todo destino turístico atraviesa seis etapas: exploración, involucramiento, desarrollo, consolidación, estancamiento y rejuvenecimiento (o declive). Es una forma sencilla de entender cómo crecen los destinos turísticos: primero llegan unos pocos, luego crece el interés, empieza la inversión, se masifica, se satura, y después viene la pregunta incómoda: ¿Lo salvamos o lo dejamos caer? Pareciera que Nosara ya está avanzada en ese recorrido, y ahora casi inicia la parte más dura de la película: Esa en donde cada paso y cada decisión son vitales para entender si se salva.
Hagamos primero un breve recuento.
Había una Nosara antes del Proyecto Americano.
Algunos historiadores dicen que Chorotega significa “la gente que huye”. Y suena muy apropiado para el caso. Sabemos que Nosara fue un valle silencioso, habitado entre el 500 a.C. y el 300 d.C. por pueblos que venían de México y enterraban a sus muertos con instrumentos musicales en lo alto de los cerros —entre 50 y 150 metros sobre el nivel del mar— (Las Huacas por ejemplo) siempre con vista al océano. En el sitio del Río Rempujo, se han encontrado flautas y vasijas con formas de armadillos, cocodrilos, monos, aves, tortugas, felinos. La música como puente entre la tierra y el más allá.
Y aunque Nosara tiene una costa larga y hermosa, no tuvo grandes asentamientos indígenas costeros como sí tuvieron otros sitios de Costa Rica, como Papagayo. ¿Por qué? “La falta de bahías no permitió un desarrollo similar al de otros asentamientos”, escribió el arqueólogo Frederick Lange, de la Universidad de Colorado, tras sus excavaciones en los años 70. Lange fue el primero en decirlo con evidencia: Nosara no se pobló igual porque el mar aquí no ofrece abrigo, solo fuerza, la misma fuerza que luego atraería a miles de turistas para montar las olas de Guiones.
Los primeros en ver estas tierras desde el mar fueron conquistadores, piratas y cartógrafos marinos. Probablemente la primera “nao” que pasó frente a Nosara fue la de Andrés Niño, conquistador español que en 1522 navegó desde el Golfo de Nicoya hacia el norte con rumbo a Nicaragua. Luego, en 1685, el pirata inglés Bartholomew Sharp relató haber navegado desde el Golfo de Nicoya hasta Cabo Velas, guiado por un mapa robado del galeón Nuestra Señora del Rosario, que ya mencionaba el “Cape Guyones”.
Como parte de las negociaciones de Costa Rica con el inversionista Minor Keith y la United Fruit Company (pionera de la creación de las Banana Republic); para 1894, todo el territorio de Nosara fue titulado como el “lote de Nicoya” por la River Plate Trust Co., una empresa británica con un contrato de explotación de madera negociado con Keith. 55.600 hectáreas fueron tituladas. Es decir, la primera vez que se titularon las tierras Nosara fue para darselas a una compañía extranjera.

Y luego vinieron los pioneros. Familias provenientes de distintas partes de Nicoya que venían buscando tierras en una época en la que era solo cuestión de poner cercas para considerarse propietario. Fue así como llegaron los Arrieta, López, Montiel, Avilés, Juárez y Noguera. Estas son algunas de las principales familias que muchos en el pueblo siguen considerando “nosareñas”, porque como en todo grupo humano con cierto grado de aislamiento, los últimos en llegar son siempre “los que vienen de afuera” y siempre hay un recién llegado, el que “no es de aquí”.
Y entre ellos, también Filemón Baltodano, hacendado de Corralillo de Nicoya, dueño de grandes extensiones de tierra y figura poderosa de la zona. Baltodano tenía su pista de aterrizaje construida en condiciones algo dudosas. Llegaba en su avioneta, encargaba cultivos y se llevaba las cosechas. Y algunos en el pueblo decían que tenía “un pacto con el diablo” En 1928, la ley N. 135 promovida por un familiar suyo en el Congreso, creaba el “camino de Nosara” abriendo trocha por primera vez entre Sámara y Nosara.
La Hacienda Baltodano, se volvió el punto principal de la industria ganadera de Nosara (ubicada en los alrededores de la actual gasolinera). Algunas vecinas actuales de Nosara, adultas mayores, cuentan que fueron cocineras en la Hacienda, y que a veces, a los trabajadores se les pagaba solo con comida.
Era otra Nosara. Para 1930 se estimaba apenas 130 personas. La gente vivía del ganado, del río, del machete. Para los años 40, era una tierra de “pequeñas haciendas”. Ya existían al menos 12 fincas cada una con entre 35 y 48 hectáreas de extensión pertenecientes a familias como los Matarrita, Ugarte, Rosales, Obando, Ruiz, Gómez, Silva, entre otros.

Antes de los primeros extranjeros, ya habían llegado “los chepeños”. Esos visitantes provenientes de San José que tenían sus casas de playa. Médicos, abogados y familias de clase media alta. Entre ellos, el Dr. Longino Soto Pacheco, famoso cardiólogo costarricense, que aterrizaba su avioneta en Playa Guiones y cuentan que ayudaba al pueblo sin cobrar. Una foto de 1956 muestra a los hermanos Soto Pacheco rumbo a la playa.

Las señoras que cocinaban en la Hacienda Baltodano, con la llegada de los nuevos visitantes, poco a poco fueron instalando sus propias sodas para atender a los forasteros. El combustible se conseguía en un solo lugar, donde lo traían en estañones. Todo era básico, artesanal, directo. Pero en esa precariedad había comunidad. Había vínculo. Una de las características clave de esta etapa, según el modelo de Butler, es que las comunidades locales comienzan a ofrecer servicios básicos a los visitantes: sodas, hospedaje improvisado, guías informales. Surge una infraestructura rudimentaria que facilita la estancia de los primeros viajeros, lo cual genera una intensa interacción entre locales y visitantes.
Además de playa Guiones tenemos por supuesto a la bella playa Pelada. Antes de la llegada de “los gringos” también fue la época de las famosas mujeres que se bañaban desnudas ahí, o por lo menos “topless”. A decir de algunos adultos mayores del pueblo, de ahí viene su nombre popular original “Las Peladas”.
El aislamiento era la norma. Para salir se utilizaba un muelle en Garza, desde donde partían lanchas hacia Puntarenas en viajes que podían durar hasta 12 horas.
Fase de Exploración: Esta es la fase caracterizada por la infraestructura mínima, el ambiente natural preservado, y en la que pocos turistas aventureros llegan al destino, buscando experiencias auténticas. No hay infraestructura turística todavía, y la comunidad local conserva fuertemente sus costumbres.
Así comenzó Nosara en los años 60 y 70.
“Afortunadamente, el dueño de la Hacienda de Nosara estaba dispuesto a venderlo a un precio atractivo. También tuve la suerte de poder comprar varias extensiones más pequeñas que sumaron una milla adicional de hermosa playa”, — Alan Hutchinson

Hutchinson, fundador del llamado Proyecto Playas de Nosara de 1,110 hectáreas, imaginaba un desarrollo ecológicamente equilibrado. Los diseños originales incluían una gran cantidad de áreas verdes que se iban a dejar como reserva natural. Aparte de las tierras de Baltodano, compró tierras de más de 60 propietarios, muchos de los cuales abandonaron la zona tras el cierre de las haciendas ganaderas y aunque se planificó un campo de golf de 18 hoyos y más de 700 lotes, el proyecto enfrentó grandes dificultades financieras. La historia cuenta que Hutchinson se endeudó, abandonó Costa Rica en 1975 y nunca más regresó, lo que dió paso a un conflicto por el uso de la tierra y la compensación a las personas que habían comprado lotes en el proyecto.
También en 1975, esos primeros extranjeros que habían comprado lotes a Hutchinson fundan la Asociación Cívica de Nosara para organizarse y generar las condiciones básicas de agua, luz, mantenimiento de caminos, seguridad y conservación que les había sido prometido. Fue hasta 1982 que se resolvió una de las primeras demandas colectivas por los casos de disputa de tierras.
Poco a poco, la playa comenzó a ser un bien más preciado, y con el tiempo algunos quisieron restringir el acceso: Una adulta mayor recuerda que un grupo de extranjeros intentó cerrar una parte de la playa, y fue necesario pedir ayuda al Obispo para evitarlo. Lo que antes eran solo potreros frente al mar, con la llegada del Proyecto Americano se volvieron cada vez más valiosas.
Estas historias reflejan una etapa inicial donde el destino comenzaba a ser descubierto, y donde el turismo aún no había transformado por completo la vida local.
Fase de Implicación. Los locales comienzan a ofrecer servicios básicos (alojamiento, comida). Se empieza a notar cierta organización turística incipiente.
Uno de los rasgos clave de esta etapa, según el modelo de Butler, es que el involucramiento local y su control sobre el desarrollo comienzan un declive acelerado. En esta fase, los nuevos residentes comienzan a tomar el liderazgo en la planificación y la toma de decisiones, y las comunidades locales pasan de anfitriones activos a espectadores del crecimiento. En Nosara, este cambio se refleja en la creación de dos figuras clave: la Asociación de Desarrollo Integral de Nosara (ADIN), impulsada por actores locales, y la Asociación Cívica de Nosara (NCA), fundada y liderada inicialmente por extranjeros, quienes comienzan a incidir directamente en la vida del pueblo para gestionar la provisión de servicios básicos.
Fue así como lo que hoy es la actual oficina de la Asociación Cívica de Nosara, fue sede de servicios básicos para la comunidad: Desde planta eléctrica, sede del primer Colegio de Nosara, hasta sede de los Bomberos de Nosara (el único cuerpo de Bomberos independiente en todo Costa Rica)
La década de los 80s fue decisiva para Nosara, principalmente por dos hitos importantes: La expansión del Refugio de Vida Silvestre Ostional para incluir el sector de Guiones y Pelada, dandole una protección permanente a las playas en 1985 y la creación del Distrito de Nosara en 1988, reconociendo a la comunidad como una entidad concreta de cara al cantón de Nicoya. Es en los 80 también que oficialmente abre el aeropuerto de Nosara, una oficina de correos, la comisaría de policía, y la oficina de ICE, con ayuda de la NCA.
Fases 3 y 4. Desarrollo-Consolidación: Nuevos inversionistas extranjeros llegan a Nosara. El destino se comienza a hacer popular. Se construyen hoteles, carreteras y cambia la dinámica local.
En esta etapa, el número de turistas y residentes extranjeros comienza a rivalizar con el de residentes locales. El turismo ya no es una novedad; es una industria. Y con eso, la presión sobre los recursos, la cultura local y el entorno natural se intensifica. El turismo claramente se convierte en el principal motor de la economía. Los hoteles más antiguos son vendidos y remodelados por sus nuevos propietarios. Se comienza a escuchar reiteradamente la idea de “lo bueno que solía ser la comunidad antes”
Aquellos hoteles originalmente fundados por los primeros extranjeros, son vendidos y remodelados (Gilded Iguana, Harmony, Giardino, entre otros)
Y así, poco a poco la presión va aumentando, la cantidad de extranjeros crece pero no necesariamente crece la capacidad comunitaria de atender estas necesidades. La infraestructura queda muy rezagada, incluyendo carreteras, servicio eléctrico o la capacidad misma de las organizaciones locales de seguir activas y vigentes para atender una nueva realidad comunitaria.
Más recientemente, de 2020 a 2022, el área construida en Nosara aumentó un 209%. En esa misma época se construyeron más metros de piscinas (13.418 m²) que de vivienda social (1.769 m²). Hay casi 1,000 propiedades en Airbnb y el colegio público opera al 180% de su capacidad. (Informe Estado de Nosara 2024) Las ASADAS están al límite. Guiones y Pelada consumen 619 mil m³ de agua al año. Nosara vive todos los días sus dos caras: Zona de lujo y pueblo con necesidades básicas.
En esta etapa, según el modelo de Butler, se alcanzan los picos en la llegada de turistas y comienzan a evidenciarse de forma más clara los problemas ambientales, sociales y económicos. La infraestructura comienza a mostrar signos de saturación, y los conflictos entre visitantes, residentes y ecosistemas se agudizan.
El informe Estado de Nosara (2024) lo dice claro: crecimiento sin precedentes y oportunidades económicas, pero también, desigualdad estructural, pérdida de hábitats naturales, hacinamiento y desplazamiento.
Y entonces que podemos esperar del futuro? La experencia de decenas de sitios turísticos como Nosara nos dibuja dos etapas que están por venir o que ya podrían haber iniciado: Un estancamiento y posterior declive en el que los problemas se agravan y el destino deja de estar de moda; o un rejuvenecimiento de la comunidad, a partir de fortalecer su tejido social.
Tulum, el Espejo en el que no nos queremos ver. Tulum, fue alguna vez un paraíso bohemio convertido hoy en caos turístico, donde el lujo llegó sin control y se tragó al pueblo. Nosara aún tiene chance de no repetirlo, pero algunos reflejos son inquietantemente parecidos.
Tulum fue, alguna vez, el epítome del turismo alternativo: ecológico, relajado, espiritual. Hoy es una postal distorsionada de sí mismo. Entre luces LED, precios imposibles, narcolavado y despojo comunitario, se volvió ejemplo perfecto de cómo el descontrol, el crecimiento sin planificación y la romantización de lo “natural” pueden desfigurar un lugar hasta volverlo irreconocible.

Entre 2000 y 2020, la población de Tulum creció de 6.733 a más de 33.000 personas, alimentada por la migración interna atraída por el boom turístico y la especulación inmobiliaria. Ese crecimiento desbordado, sin planificación, dejó huellas: desplazamiento, colapso de servicios, destrucción ambiental. El paraíso se vendió tan bien, que se perdió.
Así es como inevitablemente, entra el declive.
A pesar de las similitudes (un pequeño pueblo costero, poco explorado, que de repente se pone de moda y comienza un crecimiento exponencial hasta superar su capacidad), Nosara está todavía a tiempo de no seguir el ejemplo de Tulum.
En última instancia, la respuesta pasa por nuestra propia capacidad de cooperación. Si logramos una colaboración comunitaria que supere la división entre nosareños, chepeños y extranjeros, y si consolidamos una agenda común que combine lo público y lo privado para resolver nuestros desafíos, Nosara aún puede aspirar a un futuro prometedor.
Si manejamos bien nuestros recursos, planificamos con visión y nos organizamos con responsabilidad, Nosara no solo seguirá siendo refugio para quienes huyen del caos del mundo, sino también un ejemplo de comunidad viva, consciente y orgullosa de cuidarse a sí misma. Que nuestra historia no sea solo la de los que huyen, sino la de los que se quedan para proteger lo que tenemos en común.
Nosara, 15 de Junio, 2025.
Texto dedicado a mi papá, apasionado de la historia y quien me trajo a Nosara por primera vez
Fuentes:
Asociación de Adulto Mayor de Nosara. (2023). Entrevista a adultos mayores. Entrevista no publicada.
Asociación Cívica de Nosara. Informe Estado de Nosara (2024)
Asamblea Legislativa de Costa Rica. (s.f.). Decreto N.º 33: Contrato con la compañía River Plate Trust. Recuperado de
http://www.asamblea.go.cr/sd/SiteAssets/Lists/Consultas%20Biblioteca/EditForm/DecretoNo.%20%2033%201097.pdf
Bellin, J.-N. (1754). Carte de l’Amérique Méridionale. París: Dépôt des Cartes et Plans de la Marine.
Gutiérrez, A. (s.f.). Relatos orales sobre la Hacienda Baltodano y la figura de Filemón Baltodano. [Testimonio oral].
Lange, F. (1971). Estudios arqueológicos en el valle de Nosara. Universidad de Colorado.
Obtur Caribe – Universidad de Costa Rica. (s.f.). La colonización agrícola de la región atlántica caribe costarricense (1870–1930). Recuperado de
https://obturcaribe.ucr.ac.cr/documentos-publicaciones/articulos-cientificos/sociedad/299-la-colonizacion-agricola-de-la-region-atlantica-caribe-costarricense-1870-1930/file
Servicio Hidrográfico de los Estados Unidos. (1890). Aviso de Navegantes: Observaciones del USS Thetis en la costa del Pacífico costarricense. Washington, D.C.: U.S. Hydrographic Office.
Soto Pacheco, M. (1956). Archivo fotográfico personal. [Fotografía de los Hermanos Soto Pacheco en Playa Guiones].
Universidad de Costa Rica, Escuela de Antropología. (s.f.). Prácticas de enterramiento en el sitio arqueológico Rempujo (G752 Rj) durante el período Tempisque (500 a.C.—300 d.C.).
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